Mostrando entradas con la etiqueta Fragmentario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fragmentario. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de octubre de 2008

SEPTIEMBRE, nunca setiembre.


Imagínese que si empezamos a decir setiembre, pronto nos encontraremos diciendo otubre con total impunidad.
…………………..

Martes

Es sabido, o al menos dado por cierto, que Buenos Aires es la capital del país más lindo del mundo. Esto nos lleva a la conclusión acaso apresurada pero no del todo errónea de que se trata de la ciudad más linda del mundo. Acá estoy, entonces; vine a hacer algunas cosas pero no a arreglar nada, por lo que no intentaré análisis de ningún tipo y dejaré que expliquen la situación de mi país y del mundo a los periodistas apocalípticos y a los gurúes de la economía que jamás dieron en la tecla. Yo no me toco, nunca oculté que soy un individualista bastante atorrante que asoma entre floggers y emos alzando la bandera de los egoístas descontentos, otra tribu urbana que me cuenta como fundador y único miembro.

Miércoles.

Yo tengo una suerte que no creo que compartan muchos: puedo volver, cada tanto, al cuarto de mi adolescencia. No digo volver en un viaje de la imaginación a la pieza ideal del recuerdo. No. Puedo volver en un incómodo vuelo de Iberia al cuarto físico de ladrillos y cemento en el que fui tan feliz y triste. Y no sólo volver como cualquiera al cuarto físico de la adolescencia al que nuevos moradores le han dado ya un espíritu distinto, sino que cuando digo volver a mi pieza estoy diciendo exactamente eso: volver a mi pieza, a la que compartí durante años con mi hermano el Pibe y que gracias a él –que aún la habita- conserva el espíritu que la hace todavía mi pieza, la que reconozco como propia mucho más allá del pequeño espacio y los materiales de la construcción.

Jueves.

Y por mucho que nos quejemos, uno se da cuenta de lo bien que se vive en Buenos Aires cualquiera de estas mañanas de lluvia, cuando vuelve caminando por Cabrera con un paquete lleno de facturas y tiene la certeza de que alguien, en casa, ya puso la pava al fuego.

…………………………

Y lo confirmás de nuevo cuando te dan una dirección cualquiera, Larrea 67, por ejemplo, y no hace falta preguntar más, ya sabés que es entre Rivadavia y Bartolomé Mitre, en la vereda de enfrente, si vamos desde acá.

Viernes.

¿Quién puede alegrarse de ver un trapo de piso? Yo. Minga de fregonas, viejo; en casa se usa un secador y un trapo de piso. Hace tiempo que no veía uno, puesto así sobre la te de goma y madera de los viejos secadores. Sí, ya sé que es más incómodo, pero el que va a secar el piso ahora soy yo, así que metete la fregona en el culo, y dejá que lo haga como lo hice toda la vida, hacé el favor.

Domingo.

Así está el panorama- Como cantaba el payador Gabino “en el remarque de precios ninguno se quedó corto/ vaya usted a comprar algo: le van a romper el… aro, aro, aro”.

La buena carne de siempre, arriba de los veinte mangos el kilo. Facturas, como a diez pesos la docena, los alfajores, viejo, y fijate que te estoy hablando de productos de primera necesidad, entre dos con cincuenta y tres. Los libros están caros: compré dos libritos de doscientas y trescientas páginas y se me fueron cien mangos. Pero atención -como sé que estas notas no las leen más que ustedes, les voy a pasar un datito-: Hace como diez años (en estos días me di cuenta de que todo pasó hace diez años. Eso es bastante jodido, che) la editorial Perfil lanzó una edición imprescindible de la obra completa de Marechal, el más grande de todos los nuestros. Esos libros, que en su momento no eran de los más baratos, hoy están casi al mismo precio. Creo que fue en el noventa y nueve cuando compré no sin esfuerzo el tomo que incluía la poesía toda. Lo pagué a diecinueve pesos, me acuerdo. Ayer compré el segundo tomo (El Teatro y los Ensayos) a veintiuno. Es decir, lo que valen tres kilos y medio de pan. Pero no todo es color de rosa, queridos amigos: no es nada fácil conseguirlos. El resto de la obra está publicada de este modo: –Las Novelas reunidas en dos tomos, uno incluye Adán Buenosayres y las Claves para su lectura –incluidas originalmente entre los ensayos de un librito buenísimo, Cuadernos de Navegación- y el otro El Banquete de Severo Arcángelo y Megafón o La Guerra. En otro tomo se publicaron los Cuentos y Otros Escritos –esas cosas siempre geniales, habitualmente inéditas y muchas veces inconclusas. En total: cinco tomos y un despelote de literatura.

El bondi sigue siendo el más barato del mundo: noventa centavos o un peso. Se acentuó el problema de las monedas. Me refiero a conseguirlas. Tal es el quilombo que ya las están vendiendo a un diez por ciento sobre su valor. Es lo que pasa con las mercaderías escasas. No falta mucho para que las monedas de un peso valgan dos, en papel. En los bancos sólo te cambian cinco mangos por persona, pero hay que hacer cola, claro. (Me cuenta Pancho que los pequeños comerciantes –quienes necesitan las monedas para trabajar- van dos o tres veces por semana a comprar monedas a las terminales de las líneas de colectivo, lo que de algún modo deja a la empresa un 10% más de ganancia y mantiene el boleto a un precio accesible).

Gran repunte en la industria alfajorera. Atenti a los productos de El Cachafaz.

Lunes.

Enchufé la guitarra, subí la perillita metálica del viejo amplificador y en el frente del equipo, arriba, a la izquierda, se encendió una lucecita roja. No toqué el ecualizador ni la reverberación, apenas subí el volumen hasta los cuatro puntos. Di una última pitada larga al cigarrillo y recién entonces, con firmeza, metí el primer guitarrazo. Un acorde seguro, fuerte. Yo no puedo explicar cómo sonó. Lo que sí puedo decir es que si bien nunca había oído sonar así una guitarra, ya conocía ese sonido: era el que estuve buscando y persiguiendo sin éxito durante toda la adolescencia. No mentiré que me sentí adolescente de nuevo, no; básteme confesar que ese primer acorde se convirtió en Honky Tonk woman. Sobra aclarar que sonó mucho más rockera que cualquier Fender Telecaster usada por Keith Richard. Pero ésta era una FAIM (Fábrica Argentina de Instrumentos Musicales) modelo L.P. (Les Paul).

Miércoles.

Gracias a Dios siguen existiendo lugares como el Tita Merelo o el Gaumont. Si tenés ganas, por cuatro mangos podés ver una película de esas que vos creías que no existirían nunca, una de esas que se llaman El Café de los Maestros, en las que aparece Salgán, Mores, Federico, Stamponi, Suárez Paz y otros grandes interpretando esos viejos tangos sensacionales con el nuevo sonido de Santaolalla, también sensacional.

También siguen existiendo lugares como el Museo de Arte Decorativo, donde en estos días exhiben una muestra buenísima de Rodin. O lugares como el patio de una casa de Serrano al 1400, donde acuden los iniciados a sus liturgias paganas, a abandonarse en el arte del asado y el recuerdo.

Epílogo

Con este mes de septiembre el equilibrista cierra esta sección habiendo compartido un año –aunque fragmentado- de su vida inestable. Quiso la suerte que lo cerrara en Buenos Aires, ciudad de sus amores, en la que –como Marechal- cosechó más espinas que flores. El equilibrista agradece a sus lectores (¡ahora tres!) su gratísima compañía y espera sinceramente haber divertido a alguno o al menos haberlo hecho rabiar.
Agradece y se va, miralo,
se va por la cuerda floja,
se va con paso de murga,
se va,
se va………

miércoles, 3 de septiembre de 2008

AGOSTO... PERRA... PERRA!!


Miércoles.

Muchas veces me han dicho que pese a los años que llevo lejos de casa, parece que todavía viviera en el barrio. Mi manera de hablar no ha cambiado gran cosa, ni siquiera mi forma de vivir, siempre haciendo equilibrio. Pero esta tarde comprendí que de algún modo misterioso, el gallego ha infiltrado en mí su influencia. Estuve volviéndome loco con una serie de trámites, corriendo de aquí para allá en busca de papeles, certificados, avales… Quería conseguir un préstamo, hablo de un crédito importante, que me exigía cada vez más papeles. Entonces, en mitad de la locura, en medio de este ir y venir, reparé en el motivo. ¿Valdría realmente la pena pedir otra hipoteca para comprar un jamón?


Viernes.

Hace unos meses se me encargó la crítica de la pieza titulada Garage violines, cuya autoría reconoce a uno de nuestros más altos compositores vivos de música de cámara, el Lungo Paz. Supongo que el hecho de haber cobrado anticipadamente el trabajo, de algún modo ya me había comprometido, pero no me sentí en deuda con los interesados hasta que me hube gastado el vento todo. Si bien es cierto que el plazo fue postergado varias veces, a pesar de mis indudables esfuerzos no conseguí entregar el trabajo a tiempo. Pero un equilibrista tiene un profundo sentido de la responsabilidad, y para no defraudar la confianza depositada en él a la hora de abonar íntegramente todas sus exigencias, cumplirá tarde pero cumplirá, dejando su crítica en este fragmentario. Hela aquí:


Garage violines, de Javier Paz.

Granate intenso con ribetes de mora. Más bien violáceo. (1) De óptima capa. En la apertura se manifiestan notas profundas de antiguas maderas (contrabajos, violonchelos). Casi enseguida da lugar a una carnosidad suave, en la que destacan la elegancia de las especias (canela, violines) y la frescura persistente de las frutas (ciruela ácida y flauta, principalmente). A pesar de ser un producto joven (2008) se advierten tonos de honda madurez, especialmente tras un lapso breve de reposo. En conjunto equilibrado pero vivaz y suelto, sorpresivo sin llegar a ser desconcertante. De final grato y persistente, largo, con recuerdos de granos (acné, probablemente remite a la adolescencia del maestro) y hongos alucinógenos (también).


(1) Juicio cromático sugerido por las concepciones plásticas de Kandinsky en el capítulo VI. Teoría, de su famoso ensayo, si mal no recuerdo.


Miércoles.

Desde que trabajo aquí arriba estoy mucho más tranquilo. Al aire libre, sin jefes, con unas vistas bárbaras del mar y de la ciudad. Podría incluso fumar marihuana, si quisiera. No digo que lo haga, ojo, digo que podría. Hoy descubrí unos viejos edificios pintados de color teja y amarillo rancio, allá lejos, sobre el mar, que me recordaron a un pueblito de Italia en el que, durante la segunda guerra, perdí a mi abuelo en el campo de batalla, a raíz de una ingesta desmedida de kiwis. En cuanto a la música, hay allí una serie de discos que deberían sonar durante la jornada, según quieren mis superiores (los otros setecientos nueve empleados de la casa), pero resultan tan degradantes -Summer Ibiza (1982), o Chill out groggie- que me he tomado el atrevimiento de llevar unos cuántos discos míos, más o menos dentro del estilo pretendido, pero de mejor calidad, de esos que nunca quedan mal: algunas baladas de Coltrane, la Suite Troileana de Piazzolla, un poco de Bob Marley, Lou Reed, Ben Harper, algo del piojo Johansen, un disquito de Hermética en Obras...

Antes de empezar aquí arriba, recuerdo que algunos compañeros me decían con cierta envidia

-Estarás de puta madre en la piscina: currando a tu bola, al aire libre, rodeado de tías guapas… te cansarás de ver tetas.

Pero no es cierto. Yo no me canso.


Viernes.

Esta tarde me encontré de casualidad, por la barceloneta, con un viejo amigo. La última vez que nos habíamos visto habrá sido más o menos, calculando así al tuntún, hace mil años. Charlamos un ratito y como andábamos cortos de tiempo le propuse que nos juntáramos esta noche a tomar unas copas.

-Ya no bebo- me dijo, sorprendiéndome muchísimo.

Toda la tarde estuve dándole vueltas al asunto y –francamente- no logro explicármelo… Si tenía un pedo que no veía.


Por la noche.

Primer día entero sin fumar. Los síntomas: una vitalidad arrolladora, una energía desbordante y unas ganas bárbaras de fumar. También, algunas erecciones sin justificación aparente.


Sábado.

Esta tarde leí el comentario que dejó Unverto en la página de Julio. Yo sé que leen este bloc (sic) algunos familiares y amigos (dos). Y además Unverto. Un día apareció Unverto y dejó su primer comentario. Indescifrable, por supuesto, pero ahí estaba. Era mi primer lector capturado fuera del ámbito de conocidos. El primero de quien yo tuviera conciencia. Puede decirse que él había llegado de motus propio, muy al contrario del resto de mis lectores (dos) a quienes puse en la obligación de leerme y luego controlaba periódicamente con preguntas tramposas, a ver si habían cumplido. Qué macanudo este Unverto, que no sólo me hace llegar –afortunadamente de modo más íntimo- sus críticas lapidarias sino que deja comentarios públicos, al principio para que no me sintiera tan solo, y ahora incitando a mis lectores (dos) a manifestar su aprobación o su disconformidad. Yo no tengo más que palabras de agradecimiento para mi amigo Unverto (creo que a esta altura ya puedo considerarlo un amigo), y a pesar del asombro que me produce el origen cibernético de nuestra relación, veo su foto y me da la impresión de que lo tengo junado de alguna parte. Me hace acordar a alguien, no sé…


Domingo.

De dónde los sacan- Como cada mañana, ni bien llegado, antes de emprender cualquier otra actividad, mi compañero se dio a preparar su zumo de tomate. Vació el contenido de la botellita en un vaso bajo old fashioned, le agregó el jugo de medio limón exprimido, bastante sal, un poco de pimienta, salsa lea & perrins, tabasco y decoró con sal de apio. Yo, mientras tanto, cruzado de brazos y apoyado contra la puerta, lo miraba hacer, divertido, prediciendo mentalmente sus movimientos. Hasta allí todo venía como cada mañana de los últimos tres meses, pero quiso el destino que hoy se cruzara con un zumo de naranjas abierto. Lo examinó con toda seriedad, y agregó un chorrito al vaso de su desayuno. Revolvió largamente y lo probó. Acto seguido y sin variar en absoluto la expresión de la cara, vació el vaso en el desagüe de la pileta. Yo seguía cruzado de brazos, siguiendo toda la acción, por lo que mi compañero se sintió en el compromiso de dar alguna explicación. Tras un silencio breve, con gesto afectado dictaminó:

-La naranja no le va nada bien al zumo de tomate.

Levantando las cejas y frunciendo un poco la jeta, lo dijo. Después se desgració con cierto ímpetu.


Miércoles.

Tras la semifinal olímpica de fútbol, en la que la selección argentina apabulló a la brasileña por 3-0, el diario Mundo Deportivo (edición del 20 de agosto, págs. 1 a 6) publicó varias notas poniendo de manifiesto el espíritu de sana competitividad de nuestros pibes. Ninguno de ellos, pese a los esfuerzos de los periodistas, quiso reconocer que habían humillado a Brasil. “En fútbol no se humilla, sólo ganamos divirtiéndonos” (Riquelme). Gago también rechazó el término: “porque eso no es bonito, pero sí ganamos a Brasil jugando alegre, atacando, sin perder nuestra identidad”.

Después entraron al vestuario cantando. Transcribo un par de párrafos de otra nota del mismo diario:

Maradona siguió los cánticos del grupo, la más hiriente de las canciones para un brasileño: “Siga, siga el baile, al compás del tamboril, que esta noche nos ‘cogemos’, a los p… de brasil”. Habían entrado cantando la otra estrofa de las grandes ocasiones, la que hace tiempo no entonaban, el “mirad, mirad, mirad, sacad una foto, se van para brasil con el c… roto”(…)


Jueves.

“…y a la salida
de la milonga
se oye a una nena
pidiendo pan,
por eso es que en el gotán
siempre solloza una pena”

Lástima que no todo se olvide con el champán, como aseguraba el tango. Lo que sí es cierto es aquello de que risas y llanto muy juntos van.

I- Los hechos

No terminábamos de festejar el triunfo de la selección cuando en el aeropuerto de Barajas un avión se hacía mierda antes de despegar, dejando un saldo de como ciento cincuenta muertos. Los periodistas averiguaron de dónde eran los pasajeros muertos y se fueron a los distintos pueblos a hablar con la gente. Yo no sé quién los orienta a estos hijos de puta. Quién será el guía de esta plaga nefasta que nos invade sin descanso desde todos los ángulos para decirnos cómo tenemos que pensar, qué consumir, con qué escandalizarnos o afligirnos. Y que me perdone algún buen periodista, si es que lo hay. En el pueblo de una de las víctimas (creo que era el piloto) encontraron a una vieja. No habrá sido la única entrevista que hicieron allí, pero fue la que editaron y publicaron. Aunque acaso resulte larga, la transcribiré entera:

(PRIMER PLANO DE LA VIEJA. ILUMINACIÓN NATURAL)

LA VIEJA:-Un chico joven, muy amable, muy… (se detiene un momento a pensar, y tras una breve pausa retoma) …alto, muy guapo.

A mi me encantaría saber quién es el imbécil que haciendo esto cree que justifica algún sueldo. Para cortarle las pelotas, más que nada.


II- Puras suposiciones

Pero aparte de toda esta basura y no obstante la tragedia, hay algo que está muy por encima de mi entendimiento. El piloto, antes del accidente, dio parte –según lo que dicen nuestros amigos, los periodistas- de algún desperfecto con los motores. ¿Cómo es que aún así, sabiendo que la cosa no va del todo bien, intenta despegar? Cuando agarro mi bicicleta para ir a algún lado y noto algún problema, intento solucionarlo antes de salir, para no quedarme a pata. ¿Cómo es que un tipo que sin duda conoce los riesgos de manejar uno de esos bichos, se larga a volar sabiendo que alguna cosa no funciona como debería? Yo supongo que lo primero que tienen que asumir los pilotos es que saldrán únicamente cuando no pueda fallar nada. Especialmente los pilotos de líneas comerciales. Seguramente cuando informó del problema, algún hijo de puta le habrá dicho

-No pasa nada, arrancá nomás… Si no salís no vamos a tener más que problemas… vos dale.

Por supuesto, no encuentro ningún consuelo en el hecho de que ahora este hijo de puta tenga que indemnizar a los familiares de las víctimas. Lo que quiero que se note es que a veces son peores los boludos que los hijos de puta. Si el piloto no hubiera sido un boludo, si se hubiera negado a salir hasta que el problema se resolviera de verdad, quizá solamente se hubiera ganado la bronca del jefe. Quizá solamente se hubiera quedado sin laburo. Pero hoy todas estas familias no estarían con la pala en la mano, cavando fosas.


Sábado.

¡Campeones!

Por la tarde:

Me preguntan si reconozco haber perdido en mi batalla personal contra el tabaco. Contesto que en absoluto. Simplemente me di cuenta de que no hay que ser tan dogmático.


lunes, 4 de agosto de 2008

ANOTACIONES DE JULIO

Martes.

La riqueza del idioma- Es hermoso comprobar cómo van surgiendo las palabras a medida que uno las necesita. En el hablar cotidiano, habitualmente uno maneja un número más bien limitado de palabras, pero cuando un pensamiento nuevo necesita ser expresado, surge -de manera maravillosa y espontánea- el término adecuado, preciso, para expresarlo. Yo, por ejemplo, hasta que mi suegra no vino a vivir con nosotros, jamás había pensado en la palabra “defenestración”.

Miércoles

Soy de los más entusiastas defensores del reciclaje de basura. Es cierto que me costó aceptarlo, pues me negaba a trabajar gratis para que otros hagan el negocio. Para mejor, quienes se enriquecían con nuestro trabajo eran los que más estropeaban el mundo con otros de sus negocios. Pero supongo ahora que aún así, de algún modo ganamos todos.

Uno se pregunta, cada diez días, por qué debe bañarse en cinco minutos con el fin de ahorrar diez litros de agua cuando en la fábrica en la que trabaja se desperdician hectolitros diarios, por negligencia de los dueños. ¿Por qué motivo debería uno acortar la ducha hasta convertirla en una especie de tortura, si en el complejo en el que se desempeña riegan todos los días las canchas de golf durante cuatro o cinco horas? ¿Con qué cara me piden que ahorre yo energía cuando en el hotel en el que trabajo los equipos de aire acondicionado funcionan incesantemente las 24 horas, aunque los ambientes estén vacíos? (No mencionaré los regadores de la Gran Vía, especialmente a la altura del distrito de Sant Martí, que desde el pasto apuntan a la calle, ya que se trata –sin lugar a dudas- de la obra de un melancólico).

La respuesta es simple. Los dueños de la batuta no van a cambiar ni sus métodos ni sus costumbres. Sus métodos les dan los medios para vivir de acuerdo a sus costumbres, de otra manera –para ellos- el mundo no tendría sentido. Y como no van a hacer nada, nos toca hacerlo a nosotros. Por eso lanzan campañas para concienciarnos. Aunque ellos sigan despilfarrando millones de litros de agua por día, nosotros al menos habremos ahorrado dos. Aunque ellos continúen derrochando energía, nosotros –en la medida en la que nos toca, y no sin sacrificio- habremos hecho algo por cuidarla. Es injusto, claro. Pero de otra manera estarían gastando ellos y nosotros; que tal vez sería más justo pero más devastador.

En cuanto al reciclaje, qué le vamos a hacer, otra vez nos toca laburar a nosotros. Son tan pajeros que hasta te dicen que no tires botellas con tapa. -¡Qué lo separen ellos, que son los que la convierten en guita!- se queja la monada. Pero ellos no lo separan. Si no viene todo como corresponde, no se hace. Por eso nos vuelve a tocar a nosotros. Tendremos que separar: por acá vidrio, allá latas, tetras y demás plásticos, acá papel… Se supone que reciclando papel se salvará algún que otro árbol, que reciclando plástico se necesitará menos petróleo… Se supone. En casa ya lo tenemos sabido: la bolsa del Alcampo es para el plástico, latas y tetra-bricks; la del Condis para vidrio; para papel y cartón la del Mercadona. La del Lidl la sacamos de circulación porque te la cobran, teníamos que gastar tres guitas cada vez que tirábamos la basura; y nos resultó indignante: ¡a ver si además de tiempo y laburo me van a hacer gastar vento! Hasta aquí yo colaboro. Pero no estoy dispuesto –como el señor Buenafuente- a reciclar todo tipo de basura.

Yo había oído hablar de una banda que hizo furor acá en España en los ochenta, había oído algo así como que eran los más rockeros, yo qué se. Hablaban de ellos como si fueran los Rolling Stones. A esta altura del partido no ignoro que el rock español deja bastante que desear, claro, imaginen que uno de los máximos exponentes es Miguel Ríos. Pero como esta banda estaba integrada (y creo que dirigida) por un par de argentinos, entré como un caballo. (Los argentinos, permítanme el paréntesis, de rock algo sabemos) Creí que a lo mejor eran buenos, aunque nunca me ocupé de buscar nada de ellos. Simplemente sabía que existían: RON. Uno de ellos era una especie de mezcla entre un hermano de Javier Calamaro (que también había tenido éxito acá en España) y el de los ratones paranoicos, el que canta, pero antes del accidente que le dejó la jeta así. Del otro sabía que había producido un disco de Sabina muy bueno. Hasta que los agarró Buenafuente en su programa –un programa al que uno llega haciendo zapping y lo deja porque faltan cinco minutos para que empiece Larry David, por ejemplo- (sé ve que Buenafuente pensó que podía entrar en el negocio y hacerse unos mangos reciclando basura: hace unos meses no le fue tan mal con una guitarrita de juguete que habrá encontrado en un contenedor), los agarró Buenafuente, decía, y me sacó de dudas. Ahí salieron: no sé si el pelado es puto pero parece. El otro, más que puto parece un preadolescente de cuarenta y cinco años sin sexualidad definida. Hasta aquí, por supuesto, nada anunciaba el escándalo. Pero cantaron. Transcribo un par de estribillos, en prosa, porque no sé bien como separar los versos: “No, no, que el tiempo no te cambie. No, no, que el tiempo no te cambie. No, no, que el tiempo no te cambie, ¡no!” (los signos de puntuación son míos. La exclamación final la deduje por los gestos del pelado). El otro estribillo, acaso más interesante por cuanto expresa deseos inconfesables dice: “Quiero, quiero, quiero besarte. Quiero, quiero, quiero besarte. Quiero, quiero, quiero besarte. ¡Ah!”(idem)

Viernes.

¿Qué locos berretines me llevaron a alejarme de un país en el momento quizá no único pero sí justo en que se daban allí todas las condiciones para la felicidad?

Se ve que lo dije en voz alta.

-¿Por qué lo decís, papá?- preguntó mi hijo Berutti, tomado de mi mano pero con la vista perdida en el infinito. No era fácil explicárselo a un purrete de seis años.

-La familia, los gomías…

-¿Había garufa?- preguntó.

-Ya lo creo que la había.

-¿y dulce de leche?

- siempre, hasta en las medialunas; y florecían los malvones.

-¿como en casa, florecían?

-De otro modo. Malvones blancos y rojos… el patio parecía el monumental en tarde de domingo.

-¿y sonaban viejos tangos de De Caro?

Demoré un par de segundos, pero terminé asintiendo tristemente.

-Tomábamos el sol reo de Palermo o San Isidro…

-los burros...- me interrumpió grave, aunque parecía un poco ausente.

-Y además, hijo- arriesgué tímidamente (¿comprendería él, con sus seis años, todo el drama que encerraba mi confesión?)- además no había laburo.

-Un país hermoso la Argentina- dijo un ratito después, cuando llegábamos a casa.

Sábado.

Mirá que hay maneras lindas de jugar con el idioma. El vesre dio palabras hermosas, el lunfardo… y la mezcla, por supuesto, la más linda de todas las formas. A mí la que me gustaba era la de los apellidos: “¿Qué me Contursi?”, “¿qué Disarli?” “Escasany a la Rubiales que se la va a llevar de Arribúa…” . Acá todo lo que hacen es cortar la palabra en cuestión y agregarle un ata. Al bocadillo (un sánguche) le baten bocata. Al Cuba Libre (nombre de trago que no debería abreviarse ni cambiarse) le baten cubata. Al ordenador (la compu), ordenata. A los faloperos les dicen drogatas. ¿Y a qué no sabés cómo le baten a las papas?

Miércoles.

“LUGARES COMUNES”

“Calor en la ciudad. No me importa nada: tengo sevená”

Polonia, un día largo. Cuántas vueltas. Con tanto ir y venir, que pasara Xavi fue como un respiro. Me vino a ver al laburo, me trajo un libro a modo de excusa –como si necesitara excusas- y charlamos un rato. Después otro montón de cosas que hacer, anduve a lo loco hasta ahora. Hasta hace cinco minutos, que llegué a casa. Tengo que desconectar. Llamo a Marco, un tano amigo, a ver si anda con ganas de ir a tomar una o dos, esta noche. Un poco insólita esta necesidad de salir. Soy un tipo de casa, pero últimamente –desde que somos tantas almas viviendo bajo el mismo techo- parece que en cualquier lado se estará mejor que acá. No atiende.

Lo de tomar una o dos es una manera de decir, ya que con Marco nunca son menos de quince. Nunca son menos de quince con nadie, el problema debo ser yo. Resulta mucho más económico hacerla casera, por eso siempre guardo género suficiente encanutado en lugares un poco estratégicos; lo que me falta ahora es lugar: tengo –por ejemplo- un negro durmiendo en mi escritorio. Y mi escritorio no es un ambiente, como en las casas de los ricos; me refiero al mueble, mi mesa. Se duermen en cualquier lado estos morochos. Mientras espero que se despierte para poner algún disco e ir preparando la salida de esta noche me hago un gin-tonic, y recibo un mensaje de Laura. Laura tiene veintiún años de edad y me sonreía cada vez que nos cruzábamos. A los tres días de conocernos supuso en voz alta que mi mujer debía estar muy contenta conmigo. No queda ninguna duda de que –pelado y todo- sigo arrasando entre las jovencitas. Tom Waits al Forum.-decía el mensaje- S N vas amb la teva noia trkm y kdms. (“Si no vas con tu chica, llámame y quedamos” ya me había escrito en jeroglíficos antes, y me había enseñado a descifrarlos, allá cuando mis respuestas a sus primeros mensajes fueran signos de interrogación). Como no iría con mi mujer, la llamé para quedar. No habrá sexo, me prometí, sólo drogas y rock n’ roll. De todos modos no iba a haber sexo ni drogas ni rock n’ roll porque cuando hablé con ella me informó que las entradas costaban nada menos que cien mangos. Ya me iré a verlo a Memphis o adonde viva, allá debe tocar gratis para los amiguetes en el bar de toda la vida. Ya iré a verlo allá a su barrio, dentro de mil años- me dije.

El segundo gin-tonic me dio hambre, pero al abrir la heladera no encontré nada reconocible: mamaderas y potitos que sin lugar a dudas pertenecían a una compañera de piso que -increíblemente- en poco menos de dos años parió –de a uno- siete cholitos, bebidas insólitas (zumos de frutas, coca-colas, cajas de vino blanco y hasta ¡leche!), y un plato con pelotitas pequeñísimas que parecían fideos, pero yo estaba seguro que no lo eran. Pregunté a uno de mis compañeros que responde al hermoso nombre de Mohamed Hussein de qué se trataba. Su respuesta fue algo así como cuscús, que acaso sea el nombre del plato o quizá “no entiendo un pomo” en árabe, ya que el Cotur, como lo llamamos, no habla nuestro idioma. Resignado, me hago otro gin-tonic.

Como Ruth me había dejado su teléfono por cualquier cosa la llamo a ver si tenía ganas de salir. En verano los días serán insoportables, pero las noches son espectaculares, dan ganas de vivirlas enteras sentado en cualquier terracita. A Ruth, lo sé, le gustan los ravioles carbonara. Dos veces me invitó a comer, y las dos veces comimos ravioles carbonara. Yo la invité una vez a tomar café. Eran las nueve de la mañana (no es que haya madrugado: venía girado), me pedí un café con leche y un croissant. Ella un plato de ravioles. Pero esta noche la hicieron para mandarse unos tragos largos al aire libre (esta terracita tan linda que abrieron acá abajo, sin ir más lejos). Ahora que corre vientito, ahora que se está tan bien. Antes de poner a hervir la pasta, corta cebolla bien chiquita y la fríe en mantequilla, me contó. Si la llamo a ella es porque no vive lejos, y fundamentalmente porque el día fue uno de esos que parece que nunca acabarán. Por suerte era sólo una impresión: acabó, y no me vendría nada mal desenchufar un poco, charlar de boludeces, tomar el aire fresco de la noche. Cuando se pone amarilla y medio transparente, le echa el beicon.

El número de Ruth estaba en la cartelera, pinchado con una chinche, “por cualquier cosa” decía en la servilleta con letra de niña aplicada, y después, en mayúsculas, su nombre. Entonces le mete crema de leche, nata, como la llama, y la deja reducir un poco, no mucho. Ruth es judía, pero come jamón y no me discrimina. Más bien creo que intenta incriminarme, aunque todavía no sé en qué. Sospecho, eso sí, que en algo turbio; pero como la noche bien vale el riesgo y la cuerda floja es el hábitat natural de un equilibrista; y ya que -en definitiva- me había dejado su número por cualquier cosa, la llamo.

-Estaba pensando que podíamos bajar a tomar algo, no sé si notaste lo linda que está la noche- le digo.

Yema de huevo. Es muy importante la yema de huevo. Si quieres obtener una carbonara auténtica, es primordial echarle yema de huevo. Hablaba como si me estuviera dando instrucciones para desactivar una bomba atómica. Un plomazo esta mina, pero últimamente ¿lo dije? parece que en cualquier lado se estará mejor que en casa.

-¿Qué te parodi?- pregunto, pero ella tenía otros planes, así que decido llamar a Octavio, pobre, que vive más lejos pero seguro que tiene ganas de salir un rato.

Con vino tinto le gusta bajar los ravioles. Cuando no tiene vino tinto hace una mezcla de balsámico y alcohol fino de farmacia. Después vierte un poquito de cáscara de naranja rayada y revuelve, pero prefiere el vino.

Ocupado, salta el contestador y grabo mi mensaje. Sin embargo no me quedo tranquilo. Octavio ignora que tiene un contestador. Varias veces le comenté que le había dejado mensajes e invariablemente se asombraba, luego reía asumiendo que yo estaba bromeando y contestaba “casi cuela, pero no tengo contestador”. Se puede hablar de diversas cosas con Octavio, porque no se entera de nada. Apenas le queda un dejo de su acento dominicano. Lo que sí se le nota bastante es que es puto. De cualquier modo, aún no lo ha asumido públicamente, y esto lo atormenta. Recuerdo una de nuestras primeras conversaciones:

- Se te ve tan bien, tan feliz, tan liberado… Me encantaría dar el paso, vivir como tú… pero no me atrevo- dijo, a mi me pareció que coqueteando.

En vano le expliqué que soy heterosexual, que estoy casado y hasta felizmente casado. Él estaba convencido de que yo también me la lastraba. Lo comprendió bien varios días después, cuando –en legítima defensa- le tuve que romper el comedor. A partir de entonces hemos conseguido una relación bastante buena, basada principalmente en el terror.

Con tal de salir de casa soy capaz de ir a buscarlo. Logro eludir con criterio a los gitanos, reunidos en la sala, que intentaron un trapicheo de oro o de falopa o de una bicicleta (no se les entiende gran cosa a los gitanos). En cuanto llego al pasillo se me vienen encima los rumanitos. Mido la distancia y evalúo las posibilidades. Acaso consiga atravesar el pasillo sano y salvo, pero ¿me quedará entereza de ánimo para enfrentarme a los gallegos, allá en el hall? Son los dueños de la torta, los que cobran el peaje. De algún modo estoy frente a ellos, tras haber gambeteado dos intentos de robo con armas pesadas y un secuestro. En cuanto el viejo me juna, me escabullo bien debute por un wing y de pedo llego a manotear el picaporte de la puerta que da a la piecita. Antes de que el gallego reaccione, cierro tras de mí la puerta y estoy en el ambiente más pequeño de la casa: metro y medio. Allí moran Octavio y nueve más. Se van turnando. Octavio no, porque se niega a abandonar su sitio, pero los demás se turnan. Un día siete, otro dos. Hoy –por suerte- sólo hay cuatro. Duermen como angelitos. Ya las ganas de salir de casa se convirtieron en una necesidad, más bien en una cuestión de vida o muerte. ¡Con lo bien que se está afuera, ahora en verano! Intentando molestar lo menos posible a los durmientes dejo tras de mí la cama y llego hasta el ropero. Golpeo. No contestan, de modo que lo abro. Busco entre la ropa y las perchas, abro un par de cajones, pero es inútil. Allí no hay nadie. Entonces una alegría incontenible me colma de golpe. Sé que no voy a salir, ya he agotado vanamente todos mis recursos, pero la noche, después de todo, no tiene por qué ser tan mala si ahí tengo para empezar una novela de Vargas Llosa que me dejó Xavi esta tarde y si acabo de saber que Octavio -por fin- salió del armario.

Domingo.

-Qué angustiante el paso del tiempo- dijo Julio a la salida del concierto. Fue el primero que habló, después de tres o cuatro cuadras de silencio. ¿En qué momento esa mujer que tanto nos había emocionado con sus discos, con sus tangos, se había convertido en esta vieja sensiblera que tuvimos que aguantar casi con vergüenza durante una hora y media, hablando en lugar de cantar, quejándose más que hablando, en un tono que pretendía ser poético?

-No tanto el paso del tiempo. La cagada es volverse viejo y pelotudo- se lamentó el poeta.

Lunes.

Me levanté temprano. Muy temprano. Desconfiarán ustedes, naturalmente, cuando quien acusa es un equilibrista un tanto bipolar aunque suficientemente calvo, pero deberán reconocer que las seis y cuarenta es tempranísimo. Y me fui a laburar un rato. Me hizo muy bien el madrugón, así que tendré que confesar que estoy bastante agradecido con el trabajo. Si no me hubieran dado esas horitas extra jamás me hubiera dado cuenta de lo bueno que resulta ponerse en actividad temprano: sobre el mediodía –hora en que suelo levantarme- no sólo había hecho algo de ejercicio (ciclismo hasta el laburo), guita (cuatro horas extra), y me quedaba aún el día entero por vivir, sino que además había generado las primeras experiencias de mi corta vida anteriores al mediodía. Puede que dormir menos de lo necesario sea una buena opción para quien –como yo- se ha convertido en un imbécil incapaz de hacer –no ya las Grandes Cosas que intentaba en la adolescencia- sino siquiera algunas boludeces, más acordes a mi eterna juventud. Tomo hoy esta idea y emprendo a partir de ahora la hermosa aventura de las mañanas, de la actividad febril y apasionada, de las vitaminas c, la homeopatía y la acupuntura.

Por la noche:

Qué siestita más linda: ¡seis horas!

Miércoles.

Estado vegetativo:

La monedita acusa síntomas graves de disfunción eréctil. La azalea se secó por completo, pero adoptando un tono marrón-anaranjado que la dota de una belleza que no había conocido en plena juventud. El cardo Ricardo evoluciona parecería que hacia otra especie. Y la marihuana, está re loca, esa.

martes, 8 de julio de 2008

ANOTACIONES DE JUNIO

Lunes.

“…Pero no hay nada más triste
Que ver llorar a un pelado.”

(De una zamba atribuida a G. Arribúa.)

Hasta que, cualquier mañana, uno se levanta y advierte que se ha quedado completamente pelado. Esa calvicie amenazadora que avanzaba de a poco pero implacablemente se ha hecho lo más reconocible de nuestro carácter, forjado con años de autodisciplina. A partir de hoy no tendremos más que ideas descabelladas. Seremos blanco de todas las bromas infantiles y objeto de burla entre nuestros pares. Pero al menos estaremos en nuestro derecho de discutir, cuando lo consideremos oportuno, a grito pelado




Martes.

Epitafio para el Tano (Tango)

Le batíamos el Tano y era ruso
Como el propio Don Quijote de La Mancha,
Qué delicia verlo salir a la cancha
Alto y sobrio, igual que Toulouse Lautrec.

En el club le decían Diego, por la diestra,
Aunque en su caso las dos eran de palo;
En rigor no era que el Tano fuera malo:
¡silbaba mucho más lindo que Gardel!

(Estribillo:) ¡Y qué pedazo de alma...!
Jamás se derrumbaba,
Amante de las flores
Y la televisión,
Modesto y engrupido,
Piropeador y rante…
El Tano era gigante;
El Tano era un campeón.

Tan alegre y optimista –pobre santo-
Veía siempre el lado bueno de las cosas,
El mundo para él era color de rosa
Como en las canciones de Discepolín.

Y qué pinta la del Tano, Dios me libre,
Una pinta de las que ya no se usan,
Cautivaba con su estampa a las papusas…
¡Fina mezcla de Bilardo y de Balbín!

(Estribillo)

Fue padre ejemplar de sus hijos bastardos,
Gran marido de sus esposas solteras,
Su estación era la eterna primavera
De la que un invierno atroz lo arrebató

Una tarde que andábamos sin vento
El Tano salió a luquear a los vecinos,
Consiguió para tres botellas de vino
Y después… se suicidó.

¡Y qué pedazo de alma,
Jamás se derrumbaba...!


Viernes

En los últimos años, no pocas veces me han preguntado cautelosamente si soy argentino o uruguayo. Supongo que este proceder se debe al hecho de que los uruguayos por lo general se indignan cuando los confunden con argentinos, lo que –en líneas generales- no se da en la viceversa. Yo tengo para mí una teoría que acaso explicaría estas reacciones, pero creo que no soy el más indicado para exponerla, quedaría feo y -aunque deducida sin el menor asomo de patrioterismo- incluso hasta pedante; por lo que esperaré a que la exponga algún hermano oriental (por ejemplo el ponja de la tienda de acá abajo). En cambio la pregunta que me hizo ayer un viejo del laburo –que todavía no sé qué función cumple- fue algo extraordinario, en cualquier acepción del término:

-¿Tú eres argentino o paraguayo?
-No, no… -contesté yo, con toda la gravedad que exigía la respuesta- ¡paraguayo!


Sábado

Instrucciones para un recienvenido-

No dudes. Actúa como si el aeropuerto fuese tu hábitat natural. No demuestres ningún temor y –aunque tengas en tu poder pasaje de vuelta, cartas de invitación fallutas, falsos contratos de trabajo, un montón de euros por día de estancia y demás avales- no lleves en la mano más que tu irrefutable pasaporte argentino. Una vez franqueada la aduana, la primera dificultad que encontrarás será la de coger el autobús. Por mucho que la imaginación trabaje no encontrarás el modo, así que haz lo que yo: simplemente súbete a él.


Cuando llegues a la ciudad, es primordial que ubiques un LIDL. No te preocupes, habrá uno cerca de casa, puedes creerme. Cuando venimos como venimos nunca nos establecemos en el centro, y los supermercados de los que te hablo se encuentran siempre en los suburbios. Mientras tanto, un Mercadona no es mal pucho. Hablando de puchos, recuerda esta palabra: estanco. Allí comprarás cigarrillos, estampillas (timbres o sellos todavía no sé cómo los llaman) para mandar postales a los gomías (amigos), y –si no has perdido por completo tus esperanzas de salvarte- quizá hagas allí tu apuesta del PRODE (quiniela). Olvídate de los simpáticos kioscos (quioscos). (Otro punto importante de ubicar es un almacén –seguramente estarán regentados por turcos o chinos- donde procurar escabio durante la noche, por las dudas)

Habiendo localizado el LIDL y teniendo suficientes cigarrillos encima podrás estar tranquilo, en cierto sentido.

Al principio será duro, debes saberlo. Lo que no puedes saber es cuánto se prolongará ese principio. Hay quienes a los pocos meses ya se sienten cómodos. Otros en cambio, a pesar de los años, seguimos haciendo equilibrio.

Que tu acento sea tu acento de siempre. Por supuesto notarán que no eres del barrio, pero eso no será un obstáculo para que te hagas una idea general del mundo. Algunos –he visto casos- en cuanto pisan el aeropuerto se largan a hablar de tú, a pronunciar las y griegas y las elles como i latinas y a usar modismos propios de su nueva residencia tales como polla, curro (en el sentido de trabajo), coño, hostia, tomar por culo y demás exquisiteces idiomáticas. Cierta gente los considerará de una inteligencia agudísima y harán notar lo rápido que se han adaptado, aunque se vuelvan a casa a los diez días. A mí, en realidad, me causan cierta maliciosa gracia.

El tiempo medio para conseguir los papeles está estimado entre uno y treinta años, según el caso; pero no te aflijas: la legalidad trae más problemas que soluciones.

Podrás cometer errores y hasta todo tipo de errores, pero ten mucho cuidado en una cosa: NO TE METAS JAMÁS EN UNA HIPOTECA. En mi vida he cometido macanas de la más diversa índole, he hecho cosas malas, muy malas e incluso espantosas, pero lo peor que hice, sin duda, fue pedir el crédito para comprar este departamento en el que sobrevivo todavía cuerdo de casualidad. ¿te acordás de la Milonga del conventillo?

“(…)Se rompen las cañerías,
Hay humedad en la pared,
La caldera, el ascensor
Hace un mes que no gatillan
Y el portero llama a un quía
Que es técnico en no sé qué. (…)”

Yo la tengo muy presente.

Vivirás de un modo u otro, la vida es algo muy personal, aquí no puedo ayudarte. Deberá importarte un pomo la opinión que los demás tengan de tí. No pierdas el foco, no descuides tus instrumentos: afina el violonchelo al menos dos veces por semana y ajusta los parches del redoblante con cierta frecuencia. Limpiarás mensualmente los mecanismos y engranajes de la máquina de fotos y del viejo revolver. Regarás el helecho, el jazmín, los malvones –de ser posible- diariamente (cada uno debe cuidar su pequeño jardín), y rezarás a Dios Padre pa’ que no falte el gullón. Chuparás tu matecito en silencio sin el menor asomo de tristeza y repasarás esos discos que trajiste como una forma anticipada de la nostalgia. Puede que tengas que esperar mucho tiempo y que acaso no llegues a la cita, pero debes vivir sabiendo que un día no habrá más penas ni olvido.


Miércoles.

Al fin me compré el teléfono. Me salió un ojo de la cara, me salió, pero vieran lo que es: E-PE-TA-CU-LÁ. Todo lo’ chiche: no sé cuántos yigas de memoria, ge pe ese, eme pe tres ge, t d i, creo que diesel inyection… si lo ven en la Argentina se les cae el culo, se les cae. A este teléfono le ponés las canciones de moda ¿viste? Y cuando te llaman sale cantando la Paulina Rubio, nomás. Es una masa. Veo el fulbo en directo, veo minas en bolas… lo que quiera, veo. Ahora estoy esperando que me llame alguno de la barra para que suene un tema de moda, que antes tenía una de esas melodías berretas, tenía… Cuando les cuente el teléfono que pegué se mueren. ¡Allá esta máquina ni la sueñan!

Pero no llama nadie
.


Jueves.

Estado vegetativo:

Lo noté desde el principio: el potus estaba creciendo a pasos agigantados. Todavía no era un problema, ya que siempre se lo podía ir enrollando sobre sí mismo, sobre la propia maceta, y se lo veía tan lindo, tan verde, tan grande y saludable. Es una de las plantas más hermosas que hemos logrado, sólo que a esta altura se ha extralimitado ampliamente del espacio a él reservado para su función decorativa y amenaza invadir no sólo los libros de arquitectura y artes plásticas, sino incluso los de recetas de cocina asiática. Ya cuatro hojas se abren como una garra sobre las tiras de Inodoro Pereyra…

Renacieron Amores de Estudiante, la Dama de Noche y la Alegría del Hogar. Ambas (me refiero a las tres) dejan adivinar flores incipientes.

Dos casos notorios: lo que en principio creímos un yuyo gracioso que invadiría el jazmín del cabo y que con acierto transplantamos a otra maceta, hace unos días dio sus primeras florcitas, un montón de florcitas lindísimas que oscilan entre el rosado y el violáceo. Al mismo tiempo iba extendiéndose por las rejas del balcón, hasta tal punto que la semana pasada recibimos quejas de las vecinas del segundo, Doña Elida y su hermana . Hoy se quejó la del séptimo. Según ambas (me refiero a las tres) estas alegres ramificaciones se cuelan entre sus macetas, les chupan el agua ¡y hasta les secan la pepa! (sic).

No menos digno de atención es el caso de la monedita. Su historia parece un tango: la encontré como a un pebete que la madre abandonó. Era una ramita de unos diez centímetros, con tres hojitas mistongas, que recogí de la calle para que no sufriera tanto como había sufrido –me emociono al recordarlo- el malvón (que –dicho sea de paso- ha alcanzado lo que hasta ahora es su máximo esplendor). La puse un par de días en un vaso con agua y al tercero (me refiero a los tres) la clavé en una maceta (me refiero a la monedita). Esto ocurrió hace veinte días, y no sé yo en virtud de qué, ahora se vino para arriba




En cuanto al cardo Ricardo, cuyo comportamiento venía yo observando desde hace un par de meses, vivió días de gloria, una gloria efímera, es cierto, pero ¿quién le quita lo bailado? Se le pasó el cuarto de hora, pero logré documentarlo, ya vas a ver




Por último, no quisiera dejar de apuntar otro hecho inusual que tuvo lugar entre los días veinte y San Juan: El veinte por la mañana Berutti hijo desayunaba su expresso en el balcón cuando recibió la visita inesperada de un testigo de Jehová. La visita no interesa a esta página, pero sí el hecho de que la interrupción del desayuno le hiciera dejar la taza olvidada en el suelo. Afortunadamente la encontramos cuatro días después, antes de que lograra mimetizarse por completo. Una imagen vale más que mil palabras.








Lunes

Un apunte insólito- La terraza de un café, en Bruselas. Hubo gente de todas partes de Europa: el tano tomaba una grappa, el pirata una taza de té, el gallego se pidió un orujo, el franchute, cogñac… Hablaban de un tratado o de una ciudad portuguesa, o quizá de las dos cosas, y se advertía gran entusiasmo en el ambiente. Cuando llegó el irlandés alguien le arrimó una silla.

-¿Vas a tomar algo, colo?- preguntaron
-¡NO!- dijo el colorado.

Haciendo un corte de manga, lo dijo.

Martes

Imagen de mi nutricionista- Hace unos días recibí un e-milio en el que aconsejaban el consumo de frutas y explicaban cómo hacerlo. No tanto el hecho de comerse la fruta, cosa que mas o menos cualquiera puede adivinar, sino en qué condiciones hacerlo para lograr mayores beneficios. Dicen los autores del texto que la mejor forma de asimilar todas esas propiedades maravillosas que tienen las frutas es comiéndolas sin haber comido otra cosa antes, olvidándose del acostumbrado desayuno insalubre que nos damos con café negro y tostadas con mermelada, deberíamos comer durante la mañana toda la fruta que podamos. En el texto prometían que en pocos días notaríamos, gracias a las virtudes de esta nueva forma de alimentación, una vitalidad fuera de lo común.

Por supuesto, me lancé a la experiencia con entusiasmo. Yo tenía un sistema infalible para empezar el día que consistía en un tazón de café, un cigarrillo y salir corriendo a hacer caca. Pero durante el primer día de mi experimento, noté con cierta alegría que ya no necesitaba ni café ni pucho para ir al baño, que a base de solamente frutas necesitaba ir al baño tres o cuatro veces, tan sólo en la mañana. Reconocí inmediatamente que al menos en cuanto a su función purgativa, mi nuevo sistema alimenticio parecía digno de confianza. Con los días advertí también que ya no me costaba tanto ir a laburar. Es decir, no es que no me costara en absoluto, pero ya no era necesario que mi mujer me amenazara con las cuchillas de cocina para que me dignara a levantarme de la cama, sobre las cinco de la tarde. Desde que puse en práctica el nuevo sistema, a las siete de la matina estoy en pié, salgo a asaltar los frutales del barrio y sobre las nueve y media estoy desayunando. Francamente, me siento mucho mejor.

Esta mañana estuve con mi nutricionista. Le conté mi experiencia de los últimos días, lo bien que me había ido con este plan de desayuno, y esperé con una sonrisa su aval. Él prendió un cigarrillo, se quedó un rato en silencio y finalmente, chasqueando una vez la lengua y golpeándose la frente repetidamente con los dedos índice y anular de la mano derecha sentenció:
- Es todo psicológico. Del bocho –explicó. Me dijo que hiciera lo que quisiera y que para el futuro intentara no romperle “las huevas” con estas memeces. Salí del consultorio un poco desconcertado.

Me pareció que estaba en pedo.

domingo, 1 de junio de 2008

Anotaciones de Mayo

Viernes

Únicamente fumo en horas de trabajo. He conseguido reducir la dosis diaria de tabaco a cuatro cigarrillos, Todos ellos en horario laboral, como para justificar el respiro; aunque cuando llego a casa oigo un coro tentador de voces angelicales que con música de We wish you a merry Cristhmas and a happy new year entona

“Fumémonos un fasito,
fumémonos un fasito,
fumémonos un fasito,
y nos vamo’ a dormir…”




Sábado.

Fragmento del Manual para la Educación Básica Infantil preparado por Gonzalo Arribúa y rechazado sistemáticamente por el ministerio de educación durante toda la década del 90 y sin embargo dictado clandestinamente por educadores y padres descontentos con la educación oficial:

“(…) Uno de los principios fundamentales del derecho se basa en la siguiente sentencia latina: in duba pro reo, que no siempre es lo mismo que Toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Veámoslo con un ejemplo concreto:

Ej.79: En el mostrador de la pizzería Angelín un bacán espera su pizza Napolitana y un reo su Fugazza con queso. Discuten de política. De pronto el reo explota:

-¡Pero este tipo es un hijo de puta!- dice, y mira a los clientes, esperando aprobación. Acaso no es cierto, tal vez el bacán sea un buen tipo, pero ¿podrá probarlo?

Solución: In duba pro reo. (…)”

En otro artículo nos informaba sobre el teatro de Minuscorpias:

“El teatro de Minuscorpias tenía todas las características del teatro isabelino, con la única salvedad de que no era taaaaaaaaan isabelino. Es decir, cualquiera que acudiera a la taquilla acreditando llamarse Isabel, pagaría por su entrada el mismo importe que quienes se llamaran Ramón, Osvaldo, Gertrudis, Vicente, Eurípides, o simplemente Gómez.”

Domingo

Macedonio Fernández dejó dicho que el humor es sorpresa intelectual. Dolina observó que la frase, si bien no define el género, lo ejerce. Yo me acordé de esto gracias a un consejo extraordinario que le oí a un tipo muy gracioso en un programa de tele. Estaban en Las Vegas grabando una serie de entrevistas con españoles residentes allá y se ve que a éste y a su hermano (no sé cómo se llaman, los vi en otro programa pero no me habían parecido nada graciosos, más bien al contrario) los mandaron al Gran Cañón del Colorado. Contaron el viaje mientras nos mostraban algunas imágenes y de pronto: “Si van al Gran Cañón del Colorado no se olviden de llevar una mochila llena de papas con carne (léase "calne"). ¡Se pasa un hambre allí!”. Me vino un ataque de risa y temí que no pudiera pararlo jamás. Macedonio, como el Gordo, tenía razón.

Lunes.

Lo peor de todo: laburar. Habrás notado que cuando quieren elogiar a alguien, a cualquiera, mi vecina y tu portera señalan casi exclusivamente que se trata de “un muchacho muy trabajador”. Yo debo reconocer que no se cuenta ésta entre mis mayores virtudes. Ni siquiera creo que sea una virtud. Fui uno de esos niños sanos que comprendieron mal la fábula de la cigarra y la hormiga, uno de los que inmediatamente se sintieron identificados con la cigarra cantora. En el siglo XXI el trabajo se ha hecho casi una religión. Yo –sin dudarlo- me aferré a la fe católica.

Viernes.

“El poeta es un hombre al que también agobian
La incomprensión, el barro, el alquiler, la luna.”
R. González Tuñón.



Te dirán que no tengo corazón, pero no les hagas caso, se basan en el sólo hecho de que no me gusta lo que escribe Benedetti. Oirás decir que soy un desalmado, pero no te fíes de ellos, lo dicen sólo porque me río un poco cuando oigo algunas canciones tristes, especialmente si las canta Alex Ubago u otra chica que también sufre tanto: Conchita. No es que sea un insensible, debes creerme, pero prefiero ver el partido, no me gustan las películas de Almodóvar. Por favor, no me juzgues apresuradamente, dame una oportunidad, una más, amor mío.

Sábado.

“En vista de la peste de mercado que amenaza con ponernos
a golpes de estadística y de chip en el umbral de lo moderno
habrá que inmunizarse componiendo algunos cantos de sirena”

De una canción de L. E. Aute.

La primera vez que nos vimos fue en Buenos Aires. Él era un músico veterano, de la vieja guardia -pero no tenía nada que ver con el tango, estas cosas me quedaron en el habla por mi afición a la literatura argentina, mi hábito de los discos de Rivero, y acaso una leve exageración conciente; el músico de quien hablo es uno de nuestros primeros rockeros, uno de aquellos viejos monstruos que nos regalaron el rock nacional. Yo era un pibe joven que venía del rock (todos veníamos del rock en los ’90, y estoy casi seguro de que volveremos a él) y empezaba a interesarme por el tango. Alguien –Dios lo perdone- nos presentó. Estuvimos hablando un par de horas. Él con la resignación y la sobriedad que le daban sus años y su nombre, yo con la admiración que le profesaba, con la vanidad propia de la juventud y con la absoluta libertad de no tener ningún nombre. Hablamos de música. Él tenía algunos discos, yo tenía miles de proyectos. No habíamos vuelto a vernos hasta anoche. No me reconoció. Lo saludé, pero enseguida advertí que no sabía que ya habíamos charlado antes. Me hice el boludo, y hablamos de música.

Soy optimista- me dijo- creo que el futuro de la música no corre ningún peligro, al contrario, en los próximos diez o quince años la música habrá crecido en calidad mucho más de lo que creció en los últimos treinta. Hoy te encontrás con que cualquier pendejo te habla de jazz, ragtime, heavy metal, hardcore, hip hop, reggae, qué se yo. En mi época sólo existía el blues. Y el rock and roll, que era lo mismo pero más rápido.

Mientras hablaba recordé nuestro encuentro anterior. Y pensé que a lo mejor sí la música había crecido en los últimos años, pero cierta música casi secreta. Una música que hay que buscar con celo de detective, una música que no se promueve, pero que evidentemente existe (lo sé gracias a un concierto que vi el año pasado en Buenos Aires con mi hermano, bajo la lluvia, o gracias también a algunos amigos y conocidos que trabajan de forma independiente y que habiendo comprendido cómo viene la mano trabajan solos, sin esperanza alguna de vender su trabajo y -por ende- sin presiones, en absoluta libertad –si es que la libertad existe-, por pura necesidad íntima). Se puede todavía ser optimista en cuanto que hay herramientas al alcance de cualquiera para hacer un disco que suene razonablemente bien. Cualquier músico, qué digo músico, incluso cualquier pibe sin formación musical puede hacer un disco en su computadora (yo mismo lo estoy intentado) y lograr un buen sonido. Es más fácil sonar bien hoy que en cualquier otra época. Hoy cualquiera suena mejor que Gardel, se puede ser optimista en ese sentido. Pero nadie canta como Gardel.

Se puede seguir siendo optimista en otro sentido: Con el ocaso de las discográficas y el auge de la piratería, podía creerse que el músico profesional digamos independiente, aquel que se ganaba el puchero haciendo música, con los derechos de autor, los conciertos, los discos, podía creerse que el músico independiente debería buscar otra changuita para que no falte el marroco, que desaparecería como profesional y sólo quedarían compositores amateurs, dedicados a la construcción de delicadas piezas por mera vocación artística, en los ratos libres que les deja el taxi. Pero en Londres, en pleno auge de la música electrónica, intuyendo la decadencia de la venta de discos, unos pibes se dieron cuenta que había que cachar las guitarras y salir a tocar en vivo. La gente le va a encontrando la vuelta. Será por supuesto más difícil dar con algo que valga la pena, entre tanta producción como se puede adivinar, cada cual desde su PC bombardeándonos con sonidos infrahumanos, pero está al menos el consuelo de saber que existirá. Lo importante es lo que hace la gente por su cuenta, para uno mismo, tal y como a uno se le ocurre que quiere hacerlo. Cuando se trabaja para otro, se busca la aprobación del otro. Interesándome por lo que hace la gente, no para vivir sino para crecer, descubrí unas cuantas cosas buenas. Hay que averiguar, preguntar qué hacen además de laburar. Últimamente siempre pregunto: qué hacés qué hacés. Y me encontré con que entre mis compañeros hay uno que compone música con un teclado midi y una oreja finísima, aunque sin formación musical; otro que hace grabados extraños y hermosos, me encontré con que otra escribe, otro es clarinetista y mi jefe, un hijo de puta.

Lunes.

Historia con moraleja- Cuando faltan unas dos horas y media para acabar su jornada, el fenómeno empieza a adelantar trabajo para irse a tiempo; y dejando de lado prácticamente todo lo demás, se ocupa de limpiar la cafetera, cantando a viva voz

“ilusiooooones del viejo y de la vieeeeeeeeja
Van quedaaaando deshechas en la areeeeeena…”

Es justo a la hora en que al jefe, al temido jefe, le dan ganas de tomar un cafecito y se acerca al bar. El fenómeno lo mira serio, y el jefe, con toda amabilidad, le pregunta si puede hacerle un café, por favor. El tipo chasquea la lengua cuatro veces consecutivas al tiempo que niega rotundamente con la cabeza.

-A esta hora no hay más café. Ya limpié la máquina.

Sin perder la calma, el jefe le pregunta el motivo, haciéndole notar que aún faltan más de dos horas para cerrar.

-Es que si no voy adelantando la faena- dice el fenómeno- después me pilla el toro.

Lamentablemente, mientras el diálogo tenía lugar, los otros tres camareros se habían alborotado un poco y corrieron a hacer el café, motivo por el cual cuando el fenómeno terminó de hablar, el temido jefe tenía tres cafés sobre la barra. Qué desperdicio de café, pensó el temido jefe; razón más que suficiente para despedir al fenómeno.



Miércoles.

Un regalo para Unverto- Porque a veces intento ofrecer algún que otro tesorito personal, un poema de Cortázar que ofrecí a mi hermana Mariana hace años, sabiendo que de otro modo le resultaría inaccesible, un tango casi secreto que cantó Gardel y que nos recuerda que existen las pequeñas felicidades, una larga referencia de ciertos nombres que acaso el improbable lector de estas notas investigará, y de ellos guardará para sí sus propios tesoros, o este regalo para Unverto, una carta que encontré casualmente en un librito lindísimo de Galeano (hacé clic, a ver si se lee) :



Lunes.

Dutifri- Qué lástima, Sardá, a pesar de Cróncas Marcianas todavía te tenía fe. Pero anoche vimos tu programa, un proyecto interesante, un emprendimiento caro del que se podría sacar mucho provecho (incluso hasta económico), y no convence en absoluto. Anoche te salvó Serrat. En cuanto él desapareció, no supiste darle al programa ni un poquito de magia, y eso que estuviste en Buenos Aires. Te había visto en Las Vegas y decidí darte otra oportunidad. Hasta aquí llegué y te abandono, un poco apenado, un mucho decepcionado. No sé por qué se me ocurrió que podías hacer algo original, interesante o sorprendente, incluso desconcertante. Errores que se cometen, especialmente cuando nos engrupe cierta ilusión. En fin, que estás haciendo la misma televisión que hacen todos los demás, programas superficiales, sin ninguna consistencia, sin materia, contenido al ras del suelo y expuesto con aires de pensador interesante. Medio pelo intelectual, le decimos en casa. Por suerte –cada tanto nos lo recuerda alguno- a veces de las cosas malas se puede rescatar algo bueno: Cuando bromeando increpaste a Serrat, diciéndole que no hacía gran cosa por el asado, logró él una respuesta tan oportuna como certera.

-Yo soy el pinche- dijo, y divertido, pero advirtiendo la importancia de lo que estaba diciendo, agregó – es importante que cada uno sepa el lugar que ocupa en el mundo.

Deberíamos pensar en ello.


Martes.

Maravilloso disco de Arribúa éste que grabó en España, extraordinario desde el título: Canciones desde el Quinto Coño. Abre con una versión muy personal de la rumbita Nos sobran los motivos, re-escrita para el colectivo argentino radicado ilegalmente en la patria que los parió. Después sigue.


Miércoles.

Introducción de un regetón oído al pasar en una estación de metro, en Londres:

“Para los pibes,
para las minas,
para la gorda del segundo
y el curdela de la esquina,
pa’ los ranas
y los otarios,
para los chicos y las chicas
que salieron del armario”


Por la tarde

Deudas- Directas o indirectas tengo una larga lista, pero son éstas las que me vienen a la cabeza ahora, al momento de escribir:

Debo a Teresa Caride el descubrimiento de Tita Merelo (la de los tangos calientes y de las manos tan frías, la del mercado de Abasto, la del paseo en tranvía) que hace años en un jardín del sur me habló de ella, y ya de vuelta en Buenos Aires me grabó y regaló un cassette que incluía Arrabalera, Pipistrela, Niño bien y Se dice de mí, entre otros temas. A Burattini debo la revelación de Castillo, que una noche en Palermo me dijo sin demasiada convicción que lo leyera, que le había encontrado cierto parentesco con lo que yo escribía, y me dejó un librito de cuentos que le habían prestado (habrá sido una estrategia, ya que estoy casi seguro de que yo no escribía, y mucho menos algo parecido. También creo que a partir de entonces, él me lo debe a mí). A Pablo Ryan le debo Sudamérica. A la vieja esta facilidad para hacer música casi sin esfuerzo, además de las cosas importantes. A mi viejo los discos de Gardel y de los Beatles, la afición a la literatura argentina y el que desde hace años es mi libro de cabecera, el cual no solo me descubrió, sino que previamente se tomó el trabajo de escribir.


lunes, 28 de abril de 2008

Anotaciones de Abril

Miércoles 
 
Estadísticas- Casi siempre uno nace en Buenos Aires, hereda un sentimiento inexplicable, parecido al amor pero mucho más intenso y se hace hincha del más grande, un hincha irracional, capaz de abandonar a la familia cualquier tarde de domingo sin el menor remordimiento. Vive uno las mayores alegrías y las penas mayores que se puedan sentir asumiéndolas como propias con toda naturalidad, aunque muchas veces estas penas y alegrías dependan de unos pocos (once) mercenarios. Cada cuatro o cinco años, como mucho, el país entra en crisis. Es cíclico. Uno seguirá aferrado a la camiseta (nuestra sangre está cruzada en tu blanco pabellón) hasta que en una de esas crisis comprende que el fútbol es una de las cosas más grandes del mundo. Pero también hay otras, por desgracia. A veces afectado directamente por la crisis, pero por lo general tomándola como excusa para cubrir una incapacidad personal, desoyendo el consejo más sano de la literatura universal, uno se aleja del rincón donde empezó su existencia. Mira cuando puede algún partido de River y se da cuenta de que el tiempo pasa. No conocemos a nadie ¿quiénes son estos borregos? ¿no lo puso al negro Astrada? Lejos de casa el fútbol ya no es lo que había sido, pero sigue habiendo un hueco ahí donde estuvo. Uno tiene otras preocupaciones: ¿cómo repartir el tiempo para ganarse un sueldito y ser además, no ya feliz, pero al menos un tipo contento? El sueldito chupa muchas horas, uno quiere andar un poco la ciudad en la que vive, estamos solos, vivimos una pobreza que tiene mucho más que ver con la austeridad que con la miseria, y aún millonario de corazón, uno empieza a simpatizar tímidamente con el Getafe o con el Real Betis Balompié. Esas cosas del destino. 
 
Viernes. 
 
Es extraño: En lugar de ir aprendiendo con cada grabación, a medida que avanzo estoy cada vez más desconcertado. Trabajo durante algunos días en una canción hasta que la juzgo satisfactoria y la doy por terminada. Empiezo con otra, intentando lograr el sonido de aquella y me resulta imposible. Aun habiendo tomado la precaución de documentar en un cuaderno cada paso que doy, a la hora de encontrar el sonido que necesito, un sonido que le de unidad al disco, estoy perdido. A ver si se me prende una luz pronto, porque de seguir así en lugar del disco que había pensado va a terminar saliendo una ensalada de mar y montaña, entrant molt demanat a aquestes terres. 
 
Sábado. 
 
(Borrador para un inventario nostálgico-espiritual de uno que está lejos de casa.)
 
Llevo años en España y aun conservo 
la costumbre del mate, la nostalgia 
de la Cruz del Sur y las Tres Marías, 
la amistad de Tuñón y Pedro Maffia. 
 
Guardo las voces propias de mi acento, 
y ese otro acento grave que heredamos: 
el contrabajo, el piano, los violines 
y el bandoneón trasnochado y asmático. 
 
Agradezco a pesar de la distancia 
el sonido barrial de los gorriones, 
el guarango sabor del martín fierro*, 
el tacto y el olor de los malvones.
 
Casuales, pero tengo todavía 
el hábito de Grella y de Pichuco, 
de Marechal, de Borges, de Arribúa, 
del vino, las empanadas y el truco. 
 
Aun a pesar del tiempo necesito 
la sombra de la calle Guatemala, 
la charla que en un patio de Palermo 
se prolongaba a veces hasta el alba, 
las músicas que ya no son de nadie, 
las largas y nocturnas caminatas. 
Necesito saber que estás conmigo, 
Buenos Aires, La Reina del Plata. 
 
 No vivo en el anhelo del pasado, 
ni vivo del recuerdo o del olvido, 
Voy así, como puedo. A veces pienso 
que ni siquiera vivo. 
 
(Hay quien dice que no hay más paraíso 
que el paraíso perdido). 
 
(*)martín fierro: fresco y membrillo  
 
Martes.
 
INVENTARIO: 
 - Una guitarra española que me regalaron los pibes (en realidad uno de ellos, pero uno que vale por mil), hace diez años, en Villa Crespo, 
- Una compu portátil que hace las veces de equipo de audio, estudio de grabación, escritorio y hasta laboratorio fotográfico,
- Una bicicleta de mierda que vino a suplir a una gran bici, pero que mal que mal cumple las mismas funciones, 
- Una blues harp de HOHNER, en sol, que me regaló Diego Fútbol poco antes de que me fuera del barrio, 
- Un volumen con la biografía de Van Gogh que incluye reproducciones de TODA su obra pictórica, 
- Cinco tubos de pintura, varios pinceles diversos y un montón de cartones y marcos que fui encontrando en la calle y que se acumulan detrás de mi mesa de trabajo con la esperanza incierta de que algún día pinte algo digno de ser colgado,
- Dos cámaras fotográficas de bolsillo con las que conseguí más de un resultado que envidiaría cualquier fotógrafo profesional, 
- Y un elástico de fleje 
que dice que es de Turquía, 
y que heredé de una tía 
que se murió en Cruz del Eje. 
 (lo que no encuentro es la foto de Carlitos) 
 
 Miércoles. 
 
Final para mi novela (sí, aquellas setecientas páginas que desde hace doce años buscaban un final) Entonces, como ya no lo esperaba nadie, se acomodó para atarse los cordones. Notó que llevaba puestos los mocasines negros. No pego una, se dijo, pero se mantuvo agachado todavía un momento, fingiendo el acto, para disimular. Advirtió que se acercaba una pareja. Al menos estoy cansado, pensó, y se levantó de golpe. La pareja lo miraba con recelo. Estos mocasines son dificilísimos de atar, dijo sonriendo, y enderezó para el sur silbando un monótono vals. Concentrado en las notas del silbido no percibió los gritos aterrados de la chica. -¡Policía! ¡¡Policía!! 
 
(Pero ¿de qué iba la novela?) 
 
 Jueves.
 
Soliloquio primaveral en una calle de Barcelona­- Hasta que de golpe un miércoles, uno sale del laburo y agarra por una Rambla. Advierte un florido perfume en el aire, alza la vista y se encuentra con esa galería de árboles cuyas flores solo se ven por la noche, flores colgantes y blancas que se pierden con la claridad del día. Entonces uno se acuerda. Se acuerda de un verso o de una melodía o de una cara, de un cuadro, una vivencia. Y uno piensa (o lo dice en voz alta) “pero ¡la puta! ¡yo sé un montón de cosas lindas! ¿quién fue el hijo de puta que me metió en la cabeza que todos estos años había perdido el tiempo? ¡Yo sé cosas lindísimas, cosas que nadie sabe! Sé de atardeceres en la puna y de la luna sobre el Nahuel Huapi. Sé poemas y pensamientos preciosos que leí en viejos libros descatalogados. Sé de la enorme alegría de redescubrir cada tanto la voz de un morochito que cada día canta mejor. He visto Matisse y Cèzanne y Modigliani, sé de esa simplísima belleza que una vez vista no se olvida ¡¡No se me escapa ni un solo secreto sobre la ciencia capaz de convertir la luz en oro!! (Ah, no, esto no lo sé, pero igual no me hace falta).” Uno camina y siente una especie de secreta alegría, una suerte de felicidad tranquila pero indudable. Sonríe imperceptiblemente y dice que sí, que es cierto, que a lo mejor no entiende mucho sobre economías emergentes o mercados en expansión, pero qué importa si uno sabe que adentro está lleno de tesoros acumulados y compartidos durante los años perdidos que otros aprovecharon para enriquecerse económicamente, ellos, que jamás entenderán nuestros tesoros. ¿Puede alguno de ellos decir, de golpe, un miércoles: …pero ¡la puta! ¡¡¡Yo sé un montón de cosas lindas!!!? 
 
  Martes 
 
“…elegante como un barco viejo”. Linda metáfora. El problema es que a los pocos versos el autor decide estropear por completo la canción. Es un tipo que se las sabe todas, que anda por ahí como si se las supiera todas. Yo asumo que ha hecho canciones de buena calidad, aunque muchas veces las eche a perder con imágenes tan patéticas como “ella llora siempre que suena un blues”. Berretines que lo venden y que sumándolos a su actitud de estrella del rock de Morón (que se manifiesta incluso en su manera de cantar) nos lo vuelven antipático, sin contar los innumerables disparates de los que parte para hacer sus canciones, por ejemplo, cuando asegura que todo está muy raro: “uno empieza tachando la doble y termina en el fondo del mar” ¿y qué tiene eso de raro? Es lo normal ¿no? Lo raro sería empezar en el fondo del mar y terminar tachando la doble (se refiere a la generala ¿no? Tachame la doble). Qué bien que nos cae, sin embargo y por ejemplo, el piojo Johansen. Aún cuando sus canciones resulten muchas veces menores, podemos perdonarle sin esfuerzo los versos menos felices, las soluciones fáciles, el chiste bobo. La clave radica en la naturalidad, esa seductora virtud cada vez más escasa. Kevin Johansen no es, no quiere ser, una estrella de ningún tipo; no es –no quiere ser- más que lo que le tocó ser, un musicante ingenioso que se ríe cordialmente de sus vecinos sin ánimo de ofender a nadie y compone pequeñas piezas que pueden tener o no un poquito de magia (lo que también se manifiesta en su forma de cantar). Conclusión: Gorditas y gorditos que ilumináis el mundo, no os preocupéis en absoluto por bajar la busarda, mejor es aprender a llevarla con naturalidad: UNA BUSARDA LLEVADA CON NATURALIDAD RESULTARÁ SUPER SEXY. 
 
 Jueves. 
 
Estado vegetativo: El cardo Ricardo empieza a manifestar una serie indefinida (pero afortunadamente no infinita) de pequeñas protuberancias en forma de canica pinchante. Se trata de pequeñas bolitas oscuras (acaso alucinógenas –me dicta una parte experimental de mi ser-), cubiertas de filamentos gruesos que derivan en espinas o en algo que pronto será espina. El cardo Ricardo no es en rigor un cardo, es un cactus en forma de oreja, oriundo del bosque que se extiende a los pies del Tibidabo, en Barcelona. Bajábamos un atardecer por aquel bosque cuando recordé que en Córdoba (la de Argentina), estas especies reciben el nombre de “penca”. Recordé también un modismo muy popular en la zona: apencarse. Se usa para indicar –por ejemplo- que alguien ha hecho confianza con demasiada inmediatez (se apencó), o que alguien que pasaba a saludar se quedó más tiempo del que hubiera sido prudente. En base a estas consideraciones, supuse que las pencas echarían raíces con suma facilidad y en cualquier parte, sin importar el terreno; por lo que – formulada la hipótesis- esta parte experimental de mí decidió cortar una oreja al enorme cactus y clavarla en una macetita del balcón. El experimento avaló mi teoría.
En cuanto al tubérculo que había escondido en la maceta de barro, se ha erigido en una suerte de monumento fálico(*) que amenaza una erección descomunal. Lo circuncidaré antes de que no alcance a la cima. 
 
 (*) fálico: perteneciente o relativo a la pinchila.  
 
Viernes 
 
En estos días el Papa se reunió en Estados Unidos con algunas víctimas de los abusos que creo que desde la década del ’50 venían perpetrando una serie de hijos de puta vinculados directamente a la Iglesia (curas y demás). No estoy demasiado enterado, pero supongo que serían las víctimas menos resentidas, las más abiertas al diálogo, que ya es mucho. El Papa aseguró que rezaría por ellos, y uno no puede concebir consuelo más satisfactorio, pero me pregunto ¿será suficiente consuelo cuando a uno –de chiquito- le han roto el culo?  
 
Sábado 26
 
Crónica apresurada sobre el concierto del 25 de Abril de 2008 de la Vela Puerca en Barcelona- Anoche estuvimos en el concierto de La Vela, en la sala Razzmatazz del Poblenou. Lástima el sonido (¿será que con los años me puse exigente?¿O será que había olvidado lo mal que puede sonar una banda de barrio?). La banda estaba ensayada, no cabe duda, pero el técnico no anduvo muy fino, las guitarras casi imperceptibles, la batería demasiado potenciada, el coro tapando a la voz solista, que desafinaba muchísimo más de lo razonable. Parece que a la gente no le importó. Saltaban y aplaudían. Acaso se trata de una manera de hacer las cosas en la que alguna vez nosotros también creímos (con diecisiete años), algo así como que el rock tiene que tener su desprolijidad, su caos. O tal vez es una manera de hacer las cosas muy propia de la argentina y -descubro ahora- también de nuestro vecino transplatense, aquello de lo atamo' con alambre'. Entiendo que la gente siga creyendo y queriendo que La Vela Puerca sea una banda de barrio, y que acepte o desee que suene como una banda de barrio; pero las bandas de barrio cobran una cuarta parte de lo que valían las entradas para el concierto que vimos. En este sentido, deberíamos exigir un mínimo de profesionalidad o al menos que las entradas cuesten lo que cuesta ver a una banda amateur. Y ya que estamos, como diría Danny Rose, permítanme introducir un concepto en esta coyuntura: queda muy mal fumar en el escenario, especialmente si no llegás a los tonos necesarios. A lo mejor esa actitud irresponsable divierte o paga. Pero te estás riendo en la cara de la parva de gente que pagó para oír música. Al menos yo creo que pagaron para oír música, igual en una de esas sólo querían sacar los trapos de Nacional, las camisetas de Peñarol, y hacer temblar la sala al grito de el que no salta es un botón. (Desde hace como una década que alguien intenta hacernos creer que el rockanrol y el fútbol son la misma cosa; una cosa bastante desagradable, además, en ambos casos.) Nosotros fuimos al concierto con mucha ilusión. Y a mí me hubiera gustado hacer una crónica del concierto que tuviera algo que ver con lo que nos gusta de la banda. Pero como todos aplaudían y saltaban, pensé: “¿qué pasa? ¿Nadie les va a decir nada? Así que creí que lo más leal era escribirlo. Lo siento, alguien tenía que hacerlo. No es que hayamos pasado un mal rato, al contrario, lo pasamos bien. La banda nos gusta, pero nos gusta más cuando suena bien. Las cosas hay que hacerlas del mejor modo posible, y creo que no hubiera costado mucho que salieran un poco mejor. Muchachos: gracias por la onda, pero espero que alguien les cuente que haberse convertido en una banda relativamente grande también exige ciertas responsabilidades. Salute.
 
 Lunes.
 
Citas improbables: “I used to make the children happy” es una frase que se le atribuye alternativamente a Sócrates y al Bambino Beira. A mí me cuesta aceptarlo: la juzgo más propia de Gaby, de Fofó o incluso del propio Miliki. Del mismo modo resulta difícil imaginar –como nos cuenta el historiador- al General Juan Domingo Perón urdiendo los versos de la siguiente canzonetta: Para entonar con la barra compuse esta tarantella con la guitarra de Grella y la gola de Gardés. Ni se hace fácil aceptar la confesión de San Juan de la Cruz “Naturalmente, entonces yo bebía. Bebía con mis invitados y con mis anfitriones. Y también bebía solo”. O Gogol, citado por no sé quién, citado por Castillo: “Lugar siniestro este mundo, caballeros”. Otra vez el Bambino, ejerciendo su derecho a la cita sobre las últimas palabras de Gaudí antes de morir: “la base está”.(Se refería sin duda a su proyecto más preciado, la construcción de la Sagrada Familia, obra que -dicho sea de paso- no avanzó demasiado en los últimos 125 años). Estos ejemplos bastan para intuir que algo se ha perdido, modificado o dispersado en el camino al siglo XXI. Esta enorme confusión responde sin duda a un propósito secreto del universo que consiste –según lo vieron a su tiempo ilustres antecesores- en agrupar o confundir (en el sentido original del término) la obra toda de los hombres para lograr definitivamente la Obra del Hombre. Y a este propósito ayudan la moda de citar sin decir que se está citando, o esta otra tendencia hacia la cita errónea y/o apócrifa, dijo Grossman. 
 
 Por la noche:
 
Estado vegetativo: Las protuberancias del cardo Ricardo, a más de agrandarse, han tomado un tono violáceo hacia las puntas, porque lo que hace unos días era esférico hoy es más puntiagudo que zapallo angola. De convertirse en nuevas orejas tendré que mudarlo de maceta y quizá de barrio, pobre Ricardo.