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martes, 30 de junio de 2009

Una grasada

Como reconoció Luca Prodan en su canción “Heroína”, uno de los temas que más preocupa a quienes tenemos cierta tendencia a la drogadicción es, ni más ni menos, que el cuidado del cabello. Cocretamente en mi caso -adicto desde la más tierna infancia a los mejoralitos, la paratropina e incluso a un remedio para la garganta que no me acuerdo cómo se llama pero que produce el mismo efecto que los caramelos ½ hora- fue este un problema que requería mi atención constante. Fundamentalmente porque tengo el pelo muy grasoso. En mi época de tanguero era una ventaja, ya que con pasarme la mano por la cabeza, hacia atrás, el pelo quedaba inamovible al estilo de la época, con lo que me ahorraba unos cuantos mangos en gomina brancato. Pero en el año 2005, me acuerdo, ya mi look resultaba un poco anacrónico. Desde entonces he probado todo tipo de shampús desarrollados especialmente “para el cabello graso” sin que ninguno cumpliera su cometido. Hasta que hace unos días se me ocurrió desarrollar yo mismo una fórmula efectiva. No me inquieta revelarla porque acabo de completar los trámites de patente, por si a alguien le interesara comercializarla. He mezclado en partes iguales jabón blanco para la ropa con detergente para platos Fairy ultra, “máximo poder antigrasa”. Por ahora sólo diré que estoy realmente conforme con el resultado de mi experimento, me encanta como me deja el pelo: llevo usándolo apenas una semana y ya casi me lo sacó todo.


lunes, 16 de febrero de 2009

La mirada de los otros


Como ya había observado un equilibrista en la última página de su
Fragmentario, en Buenos Aires faltan monedas. El otro día lo contaba en un artículo la señora Soledad Gallego-Díaz, para el diario El País (“Una ciudad sin monedas”, Domingo 8/2, suplemento Negocios, sección economía global): “La falta de monedas que padece Buenos Aires podría ser el tema de una buena novela policíaca. Nadie sabe con certeza por qué en esta ciudad es tan difícil proveerse de cambio ni quiénes lo están acaparando ni, sobre todo, dónde está el negocio que hace que desaparezcan de la circulación”. No intentaré en esta página esclarecer el misterioso negocio porque, si bien da rienda suelta a lo que podría ser un interesante ejercicio de la literatura, decidí incluir esta nota en mi sección Curiosidades. (Fundamentalmente porque advertí que solamente había publicado una entrada con esta etiqueta). Lo que quiero es señalar un rasgo porteño que muchas veces pasa desapercibido. Y lo hago valiéndome del artículo de esta señora española que –si bien nos transmite la información con un retraso de casi diez años- observa con simpatía (y hasta algo de ternura, me parece) un acento no siempre advertido de nuestra idiosincrasia.

“(…) Los porteños acostumbrados como nadie en el mundo a acomodarse a las crisis han establecido rápidamente un nuevo código de comportamiento… y de redondeo. Por ejemplo en los taxis, si la carrera cuesta 7,65 pesos, el cliente paga ocho sin rechistar. Pero si no llega a 7,50, entonces sólo paga 7 y tan contento.

“La buena voluntad de los porteños para intentar hacerse la vida un poco menos difícil está súper demostrada. En los bares, en las tiendas o en los quioscos todo el mundo se esfuerza por hacer compras por un múltiplo de dos (el billete más pequeño). Nadie grita, nadie se enfada, nadie insiste. Simplemente, no hay monedas, ¿qué se va a hacer?”

A veces me parece que la vida sería mucho más agradable si el mundo civilizado condescendiera a aprender alguna cosita de esta estirpe tan nefasta, el porteño, el peor de todos los argentinos.

*

lunes, 10 de noviembre de 2008

TITULARES


El pasado miércoles 5 de noviembre, la prensa española (supongo que la de todo el mundo) se hizo portavoz del resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Gran optimismo por el triunfo aplastante del morocho Obama. “Nueva Era” titulaba La Vanguardia en primera plana, el diario que leo habitualmente. Y el resto de los diarios más o menos lo mismo. Salvo La Razón, que cumplía no sé qué aniversario y puso en la portada una foto de la fiesta. Pero la más original de las portadas fue la del Periódico de Catalunya en su edición especial de las 5:00 hs. ¡Una foto de Marthin Luther King del año ’65! El titular: “Ya no es un sueño”.

Creo que fue Arlt quien dijo que el periodismo no es una vocación sino una frustración. Yo celebro hoy a este poeta romántico tal vez frustrado pero en alerta constante para sorprender -cuando llega el momento- con una muestra de independencia creadora.





Para compensar el exceso, en la contratapa, un argentino da clases sobre relaciones de pareja.